Antes de que existieran los influencers, los planners digitales y las redes sociales, hubo un objeto que acompañó a miles de niñas chilenas durante su adolescencia: la agenda Pascualina.

No era solamente una agenda escolar. Sus páginas mezclaban ilustraciones, historias, personajes, consejos y espacios donde sus lectoras podían escribir sus propios pensamientos.

El personaje de Pascualina fue creado por Paulina Monckeberg, quien comenzó a desarrollar la agenda a comienzos de los años 80. El proyecto terminó convirtiéndose en una publicación de larga duración y, con los años, construyó una comunidad de lectoras que esperaba cada nueva edición.

Pero el contenido no se limitaba a dibujos y organización escolar. Las agendas incorporaban reflexiones sobre la vida, la amistad, la familia, las relaciones y las decisiones personales.

Algunas de ellas tenían un marcado componente religioso y una visión tradicional sobre el comportamiento femenino.

Eso quedó especialmente expuesto en 2016, cuando fotografías de páginas antiguas comenzaron a circular por redes sociales.

La reacción fue inmediata: muchas personas que habían tenido una Pascualina durante su infancia volvieron a encontrarse con mensajes que habían leído décadas atrás, mientras que otras los descubrieron por primera vez.

La polémica terminó transformando a las Pascualinas en algo más que un recuerdo de infancia. Sus páginas se convirtieron en una pequeña cápsula de una época: un lugar donde convivían dibujos, confesiones adolescentes, consejos morales y una determinada idea de cómo debía comportarse una mujer. Y quizás por eso siguen generando discusión tantos años después.
