Cuatro semanas invicto. Así terminó la Beryl Ackroyd Cup para Flying Bats FC, el club de Sídney que ganó la final por 4-0 con cinco jugadoras transgénero en su plantilla.

La presidenta Jen Peden defendió la participación del equipo amparada en las directrices de la Comisión Australiana de Derechos Humanos, que permiten competir según el género con el que cada persona se identifica.

Pero del otro lado de la cancha la historia se cuenta distinta: padres que retiraron a sus hijas por miedo, un club rival que acusó a una jugadora de romperle la pierna a una rival en un partido anterior, y hasta 24 mujeres que decidieron abandonar la competición para no tener que enfrentarse a ese equipo.

Football NSW respaldó la inclusión citando la normativa vigente. Clubes como el de Frank Parisi se reunieron el 17 de marzo en Sídney para discutir qué hacer. Mientras las instituciones repiten que las reglas están del lado correcto, son las jugadoras las que sienten que la cancha ya no es pareja para todas.
