Lucía Fernanda Díaz Da Mota tenía 31 años, número de placa activo en la Policía de Seguridad Aeroportuaria y una licencia psiquiátrica vigente. También tenía un perfil en aplicaciones de citas y un método que repitió al menos en varios hombres antes de que la justicia llegara a su puerta.

El procedimiento era preciso. Contactaba a sus víctimas online, acordaba una cena y luego acompañaba al hombre hasta su propio departamento. En algún momento de la noche, algo llegaba a la bebida. Cuando la víctima perdía la conciencia, Díaz Da Mota recorría el lugar. Relojes de alta gama, celulares, perfumes, valijas. Todo desaparecía antes de que el hombre despertara. El caso que desató la investigación formal ocurrió a fines de abril en Quilmes, la víctima tenía 64 años.

Cuando los investigadores allanaron su domicilio en Ezeiza, encontraron los objetos incautados distribuidos entre sus pertenencias, como si fueran souvenirs. Hoy la justicia argentina trabaja para determinar si Díaz Da Mota operaba sola o si formaba parte de una red organizada dedicada a este esquema. La respuesta podría cambiar el alcance real de lo que, por ahora, se llama simplemente “el match de la viuda negra”.
