Cuando Esteban dejó las hormonas, su cuerpo cambió rápido.
Bajó unas 10 libras, perdió masa muscular y abandonó el gimnasio. Danna también las dejó. Lo hicieron juntos, porque los dos querían lo mismo desde antes de conocerse: un hijo. “Yo siempre tuve el sueño de ser padre, y no por el hecho de que haya cambiado mi género”, contó él.

Ariel nació en Bayamón, Puerto Rico, en julio de 2020, por cesárea, después de que a Esteban le indujeran el parto y pasara casi 24 horas con dolores. Danna, nacida en Medellín en una familia tradicionalista, había imaginado esa escena desde niña: “quiero tener mi hogar, mi esposo, mi hijo”. Cuando la vio hecha realidad, lo resumió así: “Definitivamente Dios existe”.

Hubo sorpresas. Esteban se había hecho una mastectomía antes de planear el embarazo, pero tras el nacimiento su pecho empezó a producir leche, y eso le provocó una leve disforia. Ser papá fue lo que mejor la calmó. Hoy lo que piden es simple: “Los chicos transgénero no tengan miedo en querer tener un hijo, porque eso no nos quita el derecho de ser papás”.

