Eldiara Doucette perdió un brazo a causa de una forma poco común de cáncer. En lugar de guardar silencio sobre esa pérdida, decidió organizarle un funeral. Invitó a familiares y amigos a despedirse de esa extremidad como si fuera alguien más, en lo que ella misma describió como una experiencia profundamente sanadora.

En un mensaje desde el corazón, repasó todo lo que ese brazo le había permitido hacer durante años: sostener las manos de las personas que ama, consolar a otros, rescatar arañas y gusanos, acariciar perros, recoger flores y tocar instrumentos que ya no podrá volver a tocar.

Durante mucho tiempo bromeaba diciendo que su brazo “trataba de matarla”. Pero al final comprendió algo distinto: no era el enemigo, sino otra víctima de la enfermedad, uno que había hecho “el sacrificio final” para que ella pudiera seguir viviendo.

