Lorena dormía a su lado cuando decidió que no aguantaría una noche más.
Era 1993, vivían en Manassas, Virginia, y esa madrugada del 23 de junio Lorena Bobbitt tomó un cuchillo de cocina y cortó el pene de su esposo John Wayne Bobbitt mientras él dormía. Después subió a su auto y condujo con el miembro en la mano, hasta que lo arrojó por la ventana en un campo cercano. Los médicos lo recuperaron entre la maleza y lo reimplantaron en una cirugía de casi diez horas.

Lorena, nacida en Ecuador y casada con John desde 1989, siempre sostuvo que el ataque fue la explosión final tras años de abuso físico y sexual. La pareja se divorció en 1995, pero su historia nunca dejó de generar preguntas: ¿qué hace que alguien llegue a ese punto sin retorno? Hoy, con ayuda de terapia y desde su fundación para mujeres víctimas de violencia doméstica, Lorena habla de un proceso mucho más lento y silencioso: aprender, después del trauma, a poner límites antes de que sea demasiado tarde.

