Bailey Pretak nació en Pensilvania con ictiosis lamelar, una condición genética tan rara que afecta a una de cada 200.000 personas: su piel se reseca, se agrieta y se desprende constantemente, sin cura posible. De niña no entendías eso, solo veías el apodo que le pusieron sus compañeros: “Bailey la Escamosa”. La evitaban por miedo a contagiarse de algo que jamás fue contagioso.

Encontró refugio en el escenario. Ahí, dice, “la gente ve los personajes que interpreto, no me juzga por mi color de piel”. Esa timidez infantil se convirtió en una carrera: hoy tiene 30 años, tres títulos de belleza a su nombre —incluido Miss Pensilvania— y usa cada corona como micrófono.

Viaja por escuelas y conferencias de todo el país junto a FIRST, la fundación que apoya a personas con su condición, hablando de acoso escolar y piel. Todo se lo ha pagado ella misma. “Es increíble lo lejos que he llegado”, asegura, y ahora busca patrocinadores para no detenerse.

