Rebecca Heckard aprendió a esconderse antes de aprender a quererse.


Nació con piebaldismo, una condición genética muy rara que impide que ciertas zonas del cuerpo produzcan pigmento. En su caso, eso se tradujo en un mechón blanco en el pelo y manchas sin color en la frente, el estómago y las piernas. En el colegio, sus compañeros le pusieron un apodo: “skunk”, zorrillo en inglés.


De niña usaba un pintalabios marrón para cubrirse la frente. Después llegaron el maquillaje y las capas de pelo largo, que funcionaban como cortina. Según contó, desde los 6 hasta los 20 años fue tímida con sus manchas. Pidió ir al médico para que se las taparan, pero le dijeron que no había nada que hacer.


Al cumplir 21, esta joven de Nueva York decidió dejar de ocultarlas. Se puso un bikini por primera vez y se dejó fotografiar en una sesión pensada para animar a otras personas a aceptar sus diferencias.


Hoy es modelo y estudia comunicación. El apodo que antes la hacía esconderse ahora acompaña fotos en las que su piel se ve tal cual es.
