A las 24 semanas de embarazo, a Amy Jade Morris le dieron una noticia que ninguna madre quiere escuchar.

Los médicos vieron la ecografía de su hija Mila y encontraron que le faltaba la mitad del cerebelo, esa estructura que debería tener forma de mariposa. Tampoco pudieron ver el vermis, la pieza que lo conecta con el resto del cerebro. El pronóstico era tan incierto que varias veces le sugirieron interrumpir el embarazo. Amy y su familia tardaron una semana angustiante en decidir, pero la respuesta fue siempre la misma: Mila era su hija, pasara lo que pasara.

Nació el 24 de enero y entró directo a la UCIN, porque temían que no pudiera respirar ni alimentarse sola. Comió de inmediato y sin problemas. A los 4 meses se dio vuelta, a los 5 se sentó sola, a los 6 probaba comida y, con apenas 7 meses, dijo su primera palabra: papá. Los médicos dijeron que quizás nunca caminaría ni hablaría. Mila no recibió el mensaje.

