A Zendaya la han llamado “fea”, se han burlado de su delgadez y durante años su apariencia ha sido tema de discusión en redes. Pero las críticas no se quedaron solo en su cuerpo: también alcanzaron su cabello, sus rasgos y el color de su piel. Uno de los episodios más recordados ocurrió cuando apareció en los Oscar de 2015 con locs y Giuliana Rancic comentó que su cabello parecía oler a “aceite de pachulí o marihuana”. Zendaya tenía solo 18 años y respondió señalando los estereotipos raciales que había detrás de esas palabras.
Algo parecido ocurrió cuando fue elegida para Spider-Man. Parte del público cuestionó que una joven negra ocupara el lugar del interés amoroso de Peter Parker porque esperaban encontrar la imagen tradicional asociada a Mary Jane: blanca y pelirroja. Zendaya respondió entonces que algunas personas simplemente tendrían que acostumbrarse a verla ahí. Y ella misma ha hablado del colorismo en Hollywood: reconoció que ser una mujer negra de piel clara le ha dado privilegios y llegó a describirse como la versión “aceptable” de una chica negra para la industria, precisamente para denunciar que otras mujeres de piel más oscura no reciben las mismas oportunidades.
Lo paradójico es dónde está hoy. A los 24 años se convirtió en la actriz más joven en ganar el Emmy como Mejor Actriz de Drama por Euphoria. Dos años después volvió a ganarlo y se convirtió en la primera mujer negra en conseguir ese premio dos veces. A eso se sumaron Dune, Spider-Man, Challengers y ahora producciones como The Odyssey y la nueva entrega de Dune. Ya no hablamos de aquella chica cuya apariencia algunos discutían como si determinara los papeles que podía interpretar: hablamos de una de las actrices más cotizadas de su generación.
Zendaya llegó a un lugar al que todavía pocas actrices de color consiguen llegar. Y quizás ahí está lo más poderoso de su historia: mientras algunos discutían si ella encajaba en la imagen de una estrella de Hollywood, Zendaya estaba demasiado ocupada convirtiéndose en una.
