En Winchester, Ohio, alguien encontró a una perra tirada junto a un camino rural la noche del viernes 28 de agosto. A su lado, cinco cachorros recién nacidos, todavía cubiertos de líquido amniótico.

La Sociedad Humanitaria del Condado de Brown llegó pensando que la madre había sido atropellada. Estaba débil, con la cara hinchada, respirando con esfuerzo. Pero las radiografías en Rolling Hills Veterinary Service, en Bethel, revelaron otra cosa. Fragmentos de bala alojados en la cabeza y el cuello. Le habían disparado en la cara, quizás una semana antes, y aun así había parido y amamantado a sus cinco hijos hasta el límite de sus fuerzas.

Tenía la mandíbula fracturada y el hueso bajo el ojo también. La llamaron Mercy.
Con antibióticos, esteroides y suero, empezó a estabilizarse, aunque la medicación le impidió seguir amamantando. Los cachorros pasaron a cuidados permanentes mientras Mercy espera una cirugía en la que el veterinario no podrá extraerle todas las balas del cuerpo.

Quien la baleó y la abandonó podría enfrentar hasta doce meses de cárcel bajo la ley Goddard’s Law de Ohio. La policía sigue buscando al responsable, y el refugio busca hogares temporales para su larga recuperación.
Mercy no eligió sobrevivir. Eligió parir primero.


