D.J. Byrnes, bloguero político conocido como The Rooster, pasó casi un día encerrado en una celda de Ohio por algo que cualquiera calificaría de broma pesada: le envió al senador estatal Jerry Cirino unas fotos editadas de Shrek, el ogro verde de las películas animadas, en actitud comprometedora.

Cirino no se rió. Denunció los mensajes como pornografía y acoso, y la policía terminó arrestando a Byrnes directamente en el Capitolio estatal. Ahora enfrenta un cargo de acoso por telecomunicaciones que podría costarle hasta seis meses tras las rejas, todo por un número de teléfono que el senador pudo haber bloqueado con un solo toque.

Un grupo defensor de la libertad de expresión ya salió a advertir lo que está en juego: si un meme tonto puede meter a alguien preso, cualquiera que se burle de un político en internet debería empezar a preocuparse. ¿Dónde termina la broma y dónde empieza el abuso de poder para callarla?

