Rory McGuire tenía 17 años y solo quería que el dolor emocional parara.
Nació en Ayr, Escocia, con una malformación venosa, una marca de nacimiento muy poco común, en el labio superior. Desde niño le gritaban “cara de alienígena” y “cara de salchicha”. “La gente me miraba y se reía de mí casi todos los días de mi infancia”, contó en un video de la campaña Face Equality, de la ONG Changing Faces.

Entre los 17 y los 22 años pasó por unas 16 operaciones. Cada una significaba nuevas semanas de recuperación y la incertidumbre de no saber cuánto cambiaría su rostro. En 2016 publicó su historia en Facebook y la compartieron personas de todo el mundo. Contó que al cumplir 21 años lloró durante dos horas por el prejuicio y el acoso que había soportado.

Cuando se recuperó de la última intervención, escribió en Twitter: “Soy feliz por primera vez en mi vida”. A los 23 años abrió su primera cuenta, @MeAndMyVM, con una idea clara: que su historia ayude a alguien más a no rendirse.

