Brenda Barattini tenía 26 años, era arquitecta y llevaba dos meses planeando lo que haría esa noche.

El 25 de noviembre de 2017, en Córdoba, Argentina, llevó a su amante, Sergio F., de 42 años, a su casa. En plena intimidad le propuso ponerse un antifaz gris que le tapaba la visión por completo. Entonces sacó una tijera de podar escondida debajo de la cama y le seccionó el pene y parte de los testículos. Según la fiscal Laura Battistelli, “con él vendado, ella con la cola en su cara, esperó la erección y lo cortó”.

Lo rescataron vecinos que oyeron los gritos. La lesión fue descrita como sección traumática completa de la uretra y del cuerpo cavernoso izquierdo; los médicos reconstruyeron su aparato genitourinario y se recuperó, aunque mantiene secuelas psicológicas.

Barattini primero habló de defensa propia ante una violación. Después cambió su relato y dijo que lo atacó por la difusión de un video íntimo. Pero su historial de internet mostraba búsquedas como “cómo cercenar el miembro masculino” y “mujer corta pene”, hechas meses antes del ataque. El jurado popular no le creyó y la condenó a 13 años por tentativa de homicidio. Su abogado sostuvo que nunca buscó matar. Ella dijo que jamás quiso matar a nadie.
