Entró con una identificación falsa y pidió tanto que la cuenta llegó a 1.812 dólares. Cuando intentó irse sin pagar, el personal del bar en la zona de Pinklao, en Bangkok, la interceptó antes de que cruzara la puerta.

No tenía cómo pagar. Así que, según muestra el video que ya circula por redes, aceptó firmar un “contrato de compra de cabello” a cambio de no ser entregada a la policía. Con un vestido blanco strapless, se quedó quieta mientras un empleado le rapaba con una máquina eléctrica su melena hasta los hombros, que luego sería donada.

Chalida Phalamat, fundadora de una fundación tailandesa contra el abuso infantil, salió a decir lo que muchos pensaban: el bar se pasó de la raya. Explicó que un contrato firmado bajo presión no tiene validez, y que raparle la cabeza a alguien contra su voluntad puede configurar coacción y hasta detención ilegal. El Ministerio de Desarrollo Social de Tailandia ya fue notificado para investigar el caso.

