En la Costa de los Esqueletos, al noroeste de Namibia, hay unos 12 leones que rompieron las reglas de su propia especie. Mientras el resto de su población —unos 80 ejemplares— sigue cazando en el desierto, ellos caminan entre dunas gigantes y aguas heladas del Atlántico, y han aprendido a comer focas, cormoranes y flamencos.

Un estudio de 18 meses reveló algo difícil de creer: esas presas marinas representan el 86% de todo lo que comen tres leonas jóvenes. Una de ellas, Gamma, de apenas 3 años y medio, puede matar hasta 40 focas en una sola noche, según documentó la fotógrafa belga Griet Van Malderen en imágenes reconocidas por el Museo de Historia Natural de Londres.

El investigador Philip Stander los sigue desde 1980 y ya tiene un nombre para ellos: leones marítimos. Sobreviven sin beber una gota de agua dulce, hidratándose solo con la carne que cazan, en uno de los ambientes más hostiles de la Tierra.

