Edelison Ferraz pasó casi 20 años limpiando pisos, camillas y pasillos del Hospital Jesus de Nazaré, en Penalva, Maranhão, Brasil.

Ahí conoció a cada médico, cada enfermero, cada paciente que entraba y salía. Ahí también guardó, sin decírselo a casi nadie, un sueño que se negó a soltar.
Mientras trapeaba suelos de madrugada, estudiaba. Mientras desinfectaba camas, memorizaba procedimientos.

Año tras año, sin pausas ni atajos, se preparó para convertirse en técnico de enfermería. Y cuando por fin terminó su formación, no pidió traslado ni buscó otro lugar: volvió al mismo hospital que lo vio empujar un carro de limpieza durante dos décadas.
Esta vez entró con uniforme de técnico enfermero. Sus antiguos compañeros, los mismos que lo vieron crecer día tras día, lo recibieron con abrazos que decían más que cualquier discurso.
Edelison ya no cuida los espacios del hospital: ahora cuida a las personas que los habitan.
