Paul Powlesland, abogado ambientalista y fundador de River Roding Trust, organizó durante diez días una limpieza voluntaria en Alders Brook, un arroyo del este de Londres tan contaminado que nadie más se había molestado en tocar. Él y sus voluntarios sacaron 200 bolsas de residuos, jeringas usadas, cuchillos, armas de fuego y hasta una motocicleta del fondo del cauce. Recuperaron 280 metros del río. Semanas después, volvieron los peces y las libélulas. 🐟

El 17 de junio de 2026, la Agencia de Medio Ambiente británica le abrió una investigación penal. El cargo: haber hecho esa limpieza sin el permiso exigido por las Regulaciones de Permisos Ambientales de 2016. Si lo condenan, podría pasar hasta dos años en prisión. Sí, por limpiar un río que el gobierno nunca limpió. 😤

El caso estalló en redes y generó indignación global. ¿Por qué el Estado no persigue con la misma energía a quienes tiraron esas jeringas, esas armas y esa moto al arroyo? La burocracia atrapó al voluntario que actuó — y sigue sin tocar a los que contaminaron.

