Maricarmen tenía 17 años cuando llegó con su familia a un piso de la calle Alcalde Sainz de Baranda, en el distrito de Retiro, en Madrid. Era 1956. Cerca pasaba el Tren de Arganda, había huertas y pequeños comercios, y todos los vecinos se conocían.

La casa fue creciendo con ella: cuadros, fotografías antiguas, flores, porcelanas y butacas que llevaban allí desde los primeros años. Su padre murió en 1960, cuando ella tenía 21, y asumió responsabilidades familiares. Su madre vivió allí hasta 2005 y Maricarmen heredó el contrato de alquiler.

Trabajó 49 años como auxiliar administrativa y nunca tuvo hijos, pero sí a su primo Vicente, al que consideraba un hermano.

En 2018 el edificio cambió de dueño y le ofrecieron comprar su vivienda por unos 247.000 euros. No tenía ese dinero ni podía conseguir un préstamo por su edad. Se negó a irse y resistió casi 7 años. A sus 87 la policía la sacó de su casa y terminó hospitalizada.

Maricarmen Abascal murió 11 días después de perder el hogar donde vivió 71 años.

