Amba Smith solo quería comprar maquillaje. Tenía 24 años y una rutina simple: entrar a su Boots local, tomar un par de artículos de aseo, salir.

Una empleada la miró y le preguntó si iba camino a una fiesta de Halloween, si por eso llevaba puesta “una máscara de víctima de quemaduras”. Amba se quedó muda unos segundos, después dijo que no. La mujer insistió: ahora era una fiesta de Pascua, y esas manchas rosadas y moradas eran maquillaje mal hecho. Amba vive con síndrome de Sturge-Weber desde que tenía 12 semanas de vida, una marca de nacimiento que le ha costado cirugías, glaucoma y años de aprender a decir simplemente “es una marca de nacimiento” sin dar más explicaciones.

Salió de la tienda con la cabeza gacha, pasó de largo su propio auto porque no quería levantar la vista, y cuando por fin llegó, temblaba. Boots ya se disculpó y abrió una investigación. Amba solo pide que nadie más tenga que pasar por esto en un entorno de adultos.

