Pablo García tiene 20 años y desde los 5 vivía en la ciudad deportiva del Betis.
Ahí aprendió a jugar, ahí se hizo goleador histórico de las inferiores, ahí debutó en Primera y ahí jugó un Mundial Sub 20 con la camiseta de España.

El 1 de septiembre, último día del mercado, todo eso terminó de golpe: el club lo vendió para hacer espacio salarial y poder inscribir a Dani Ceballos, que volvía del Real Madrid.
García se despidió de sus compañeros y salió en el auto que manejaba su propia madre. Las cámaras los captaron a los dos llorando, ella al volante y él sin poder disimular lo que sentía.
El Betis se guardó un porcentaje de una futura venta y un derecho de tanteo, como si supiera que algún día podría necesitarlo de vuelta.
