Un comentario en el video decía que era cruel. Que cómo le gustaría que le hicieran lo mismo a él.
El joven de la gorra vaquera no discutió. Tomó el mismo hierro que minutos antes había usado en el lomo del caballo alazán y se abrió la camisa. Ahí, sobre el pecho, se dejó marcar con el logo de su rancho mientras el humo subía y un perro miraba la escena sin inmutarse.


En el video se le ve tranquilo, casi divertido, mostrando la marca fresca como quien enseña un tatuaje nuevo. Ningún grito, ninguna mueca exagerada. Solo la piel enrojecida y la prueba de que quiso convencer a internet con su propio cuerpo antes que con palabras.
