Wiang Boonmee tenía apenas unos años cuando su piel empezó a crecer de forma anormal.
Con el tiempo, los colgajos le cubrieron los ojos, la nariz y la boca hasta dejarla ciega. En 2017, con 63 años, vivía en Bangkok y se ganaba la vida vendiendo accesorios en la calle, en la misma zona de un banco donde una joven de 22 años, Praew Wattana, la vio y se interesó por su historia.

Praew contactó a profesionales de la salud, y el médico Sunura Ourairat, de la Universidad de Rangsit, fue a visitarla para ofrecerle una operación en el hospital.

Wiang dijo que no. Le daba miedo morir en el quirófano, agradeció la ayuda y aseguró que lleva toda la vida con esta condición y que vive feliz y sana junto a sus hijos y nietos. No hay información confiable sobre cómo evolucionó su salud después de aquellos reportes.

