Kyle Bevan cumplía cadena perpetua en la prisión de Wakefield, Inglaterra, por haber matado a Lola James, la hija de dos años de su entonces pareja.

En noviembre de 2025, tres reclusos entraron a su celda con un plan silencioso. Lee Newell, Mark Fellows y David Taylor lo atacaron con un arma improvisada y le provocaron más de 25 heridas de arma blanca. Cuando terminaron, acomodaron el cuerpo sobre la cama, como si quisieran dejar una escena tan calculada como el propio crimen que motivó el ataque.

La investigación posterior determinó que los tres actuaron de forma coordinada. Un tribunal los declaró culpables de asesinato y les impuso condenas de cadena perpetua real, la sentencia más severa del sistema penal británico, sin posibilidad alguna de libertad.

