Una prisión de California terminó siendo escenario de una historia tan extraña como inquietante. Jonathan Watson, un hombre que cumplía cadena perpetua, aseguró que pidió ser trasladado después de descubrir que uno de sus nuevos compañeros de celda había sido condenado por delitos sexuales contra menores. Según su propio relato, incluso advirtió que podía volverse violento.
Watson había sido trasladado de una celda individual a un espacio compartido de menor seguridad. Días después, uno de sus compañeros comenzó a ver programas infantiles en un televisor, algo que Watson interpretó como una provocación.

Según escribió posteriormente en una carta, aquella noche “no podía dormir” porque sentía que debía hacer algo. Al día siguiente acudió a un consejero de la prisión y pidió regresar al nivel de seguridad anterior.
Su advertencia, según Watson, fue directa: necesitaba que lo trasladaran “antes de que realmente golpeara a uno de estos tipos”. Sin embargo, aseguró que el consejero “se burló y desestimó” su petición.
Horas después, Watson regresó al lugar donde estaba alojado. Al ver nuevamente al hombre viendo televisión infantil, escribió: “Recuerdo haber dicho: ‘Yo me encargo’”. Entonces tomó un bastón y lo atacó.

El hombre murió ese mismo día. Poco después, Watson se dirigió a buscar a un guardia para entregarse, pero en el camino encontró a otro preso al que identificó como condenado por tráfico de menores. “Pensé que les haría un favor a todos”, escribió.
Ese segundo hombre también fue atacado y murió tres días después en un hospital. Ambos cumplían condenas de cadena perpetua por agresión sexual agravada contra menores de 14 años.
Después, Watson confesó los asesinatos en una carta y escribió una frase que dejó todavía más preguntas: “Siendo un preso de por vida, estoy en una posición única… tengo muy poco que perder”.
La parte más inquietante de la historia no ocurrió durante los ataques, sino horas antes: Watson asegura que había advertido que podía suceder y que su petición de traslado fue desestimada.
