Lo pincharon 18 veces durante más de 2 horas para ejecutarlo: Romell Broom terminó ayudando a buscar una vena

Por Ignacio M.
8 October, 2026

El 15 de septiembre de 2009, Romell Broom estaba acostado en una camilla dentro de la cámara de ejecución de Ohio. Había sido condenado a muerte por el secuestro, violación y asesinato de una adolescente de 14 años ocurrido en 1984.

Ese día, el Estado debía cumplir su sentencia mediante una inyección letal. Pero algo salió terriblemente mal.

Durante aproximadamente dos horas, los funcionarios intentaron encontrar una vena en la que pudieran introducir la vía intravenosa. Llegaron a intentarlo en 18 lugares diferentes de sus brazos y piernas. En uno de los intentos, la aguja llegó a golpear el hueso.

Y mientras los encargados de ejecutarlo no conseguían encontrar una vena adecuada, ocurrió una escena difícil de imaginar: Broom comenzó a ayudarlos.

Después de aproximadamente una hora, se movió de lado, deslizó el tubo de goma por su brazo y flexionó los dedos, intentando hacer que sus venas fueran más visibles. Finalmente encontraron una vena, pero esta colapsó cuando intentaron introducir la solución salina. Los funcionarios tuvieron que continuar buscando.

Los intentos siguieron en sus piernas. Broom hacía gestos de dolor y, según los reportes, terminó cubriéndose el rostro con las manos mientras parecía sollozar. Un miembro del equipo incluso le entregó un rollo de papel higiénico, que utilizó para secarse los ojos.

Después de más de dos horas sin conseguir establecer una vía intravenosa, el gobernador de Ohio, Ted Strickland, ordenó suspender la ejecución. No fue una decisión de clemencia: el Estado anunció que evaluaría el procedimiento y posteriormente intentaría encontrar una manera de volver a ejecutarlo.

Y ahí comenzó otra batalla legal.

Broom argumentó que someterlo nuevamente a una ejecución podía vulnerar sus derechos constitucionales. Pero en 2016, la Corte Suprema de Ohio falló 4-3 en contra de sus argumentos y permitió que el Estado intentara ejecutarlo una segunda vez. En 2020 incluso se fijó una nueva fecha para su ejecución.

Sin embargo, esa segunda ejecución nunca ocurrió.

Romell Broom permaneció en el corredor de la muerte hasta que murió el 28 de diciembre de 2020, a los 64 años. Las autoridades penitenciarias lo incluyeron inicialmente entre los casos probables de COVID-19 y posteriormente se informó su muerte por complicaciones relacionadas con el virus.

Así, Broom pasó a la historia como uno de los pocos condenados que sobrevivieron a un intento de ejecución mediante inyección letal. Su caso también dejó una pregunta difícil de ignorar: ¿qué ocurre cuando el Estado intenta ejecutar a una persona y el propio procedimiento falla de una manera tan extrema?

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