Nadie sale de una cancha en camilla con buena cara.
Pero este jugador sí. Se lesionó en pleno partido, los paramédicos lo tumbaron en la camilla y una asistente médica caminaba junto a él sosteniendo uno de los extremos.
La cámara captó el instante exacto: la cabeza del futbolista quedó apoyada en la parte baja de la espalda de ella, los ojos cerrados y un gesto de calma que no coincide con nadie que esté sufriendo una lesión.

Como si el golpe hubiera quedado lejos y lo único que importara fuera lo blando de la almohada improvisada. Hay días en que hasta la peor jugada trae un premio de consolación.
