William Porter volvió a Ecuador con un plan poco convencional: convertir una escuela abandonada en la selva de Napo en el hogar de toda su familia.


Allí, junto a su esposa y sus seis hijos, armó una rutina que mezcla pupitres con machetes.
Cuatro días a la semana hay clases formales en una de las aulas de la vieja escuela: lectura, ciencias, proyectos.


El resto del tiempo, la finca entera se vuelve el salón: los mayores ya tienen tareas fijas con los cultivos y los animales, y los más chicos se van sumando de a poco, según fueron mostrando los creadores ecuatorianos Josué y Elie en su canal de YouTube.


Lo que le da un giro particular a la historia es quién está detrás del pizarrón. La abuela paterna pasó 26 años enseñando matemáticas y ciencias en escuelas de Estados Unidos, y ahora aplica ese oficio de otra manera: ayudando a su nuera a educar a los nietos, pero con la selva amazónica como único paisaje detrás de la ventana.
