Así de simple y así de duro lo dijo Steve Irwin alguna vez, y la frase todavía da vueltas por internet.

Porque tiene razón: un animal actúa por instinto, sin dobleces. Tú sabes a qué atenerte. Pero las personas cargan emociones, intereses y máscaras que no siempre coinciden con lo que sienten de verdad.

Por eso confiar en alguien cuesta tanto más que entender a un depredador. Con los cocodrilos sabes cuándo cuidarte. Con las personas, muchas veces te enteras tarde. 💭

