Nickalas Kedrowitz, un adolescente de 17 años de Indiana, fue sentenciado a dos cadenas perpetuas que suman 100 años de prisión por asesinar a sus dos hermanos pequeños en 2017.

Durante el juicio en el condado de Ripley, el juez Ryan King escuchó que Kedrowitz no mostró arrepentimiento y que confesó los crímenes diciendo que estaba “liberando a sus hermanos de algún tipo de infierno”. El fiscal Ric Hertel destacó la frialdad del adolescente.

Su madre, Christina McCartney, intentó defenderlo argumentando que el padrastro, una persona violenta, lo tenía aterrorizado y amenazó con atacar a la pequeña y a ella si él no actuaba.

A pesar de la defensa, Kedrowitz fue juzgado como adulto y pasará el resto de su vida tras las rejas, ya que la ley estadounidense permite juzgar a menores desde los 12 años.
