
Suena el silbato del descanso y el cielo se llena de peluches.
Así pasa cada diciembre en Sevilla desde 2018, cuando los aficionados del Real Betis Balompié empezaron a lanzar sus propios muñecos al campo, inspirados en una idea que vieron hacer a la hinchada del Feyenoord en Países Bajos. Lo que nació como un gesto pequeño se convirtió en una de las tradiciones más queridas del fútbol español: miles de personas, de todas las edades, guardan un peluche durante meses solo para tirarlo al pasto en el momento justo.

El club y su Fundación se encargan de recoger cada oso, conejo o muñeco —siempre con reglas claras: menos de 30 centímetros, sin baterías, sin partes duras— y de repartirlos entre niños en situación vulnerable de toda la región. En la última edición cayeron más de 25.000 peluches sobre el césped, la cifra más alta desde que todo comenzó. Cada Navidad, sin excepción, el Villamarín o La Cartuja se transforman por un instante en el lugar donde miles de desconocidos deciden que ningún niño se quede sin un regalo bajo el árbol.

