Todo empezó con un detalle casi invisible.
Poco después de cumplir 4 años, el ojo izquierdo de Baxter Burnham comenzó a cruzarse de forma esporádica. Sus padres, Jennifer y Bryce, lo llevaron a un oftalmólogo que sospechó estrabismo, un trastorno que muchas veces se puede tratar. Le recomendaron un parche y quedó programada una cirugía ocular para mediados de abril.

Pero antes de operar se hizo una resonancia magnética, y esa imagen cambió la historia: había un tumor cerebral. Era un glioma difuso de línea media, un cáncer poco frecuente y muy agresivo en el tronco encefálico, una zona que no permite extirparlo por completo.

Le retiraron la parte que estaba en el cerebelo y recibió radioterapia de protones, y la familia probó otros tratamientos y viajó dos veces a Europa en busca de alternativas.
Baxter murió el 5 de octubre de 2026, a los 4 años. Su madre contó la causa días después. Y aunque un ojo desviado casi nunca esconde algo así, el caso muestra por qué a veces se piden estudios extra antes de operar. 💔
