

La doctora Stacie no lo pensó dos veces.
Su esposo había sufrido un accidente cerebrovascular y una falla multisistémica en sus órganos. Los médicos le dieron un pronóstico demoledor: probablemente no sobreviviría, y si lo hacía, su vida sería estática. Ella, fisioterapeuta de profesión, decidió no aceptar esa sentencia.
Cada día lo ejercitó, lo apoyó y lo motivó a seguir adelante, mientras cuidaba también de su pequeña hija, que apenas tenía meses de vida. Entre la esperanza y el esfuerzo, el hombre que parecía condenado a quedarse inmóvil volvió a sonreír, a moverse, a caminar y hasta a correr.
Un año después, ella lo contó con una frase simple: usó cada una de sus habilidades para devolverle la vida. Y mientras otros veían solo probabilidades negativas, ella eligió apostar por la única posibilidad positiva.
