Amanda Maria Souza de Oliveira tiene 38 años. Durante 14 meses, una familia en Brasil la alimentó, la vistió y la cuidó como a una hija de 12.


Le daban biberón. Le compraban chupetes. Jugaba con juguetes como cualquier niña, y nadie sospechó nada hasta que un familiar encontró algo extraño: reportes sobre ella en otros estados del país, con otros nombres. Cuando la familia llamó a la policía, Amanda confesó que era de Ceará, no de Pará, y que todo —el nombre, la edad, la historia— era mentira.


No era la primera vez. En 2017 se hizo pasar por ‘Karolina’ en Belo Horizonte. Durante la pandemia fue ‘Emily’, una adolescente con leucemia terminal. Investigadores la vincularon a estafas similares en al menos siete estados brasileños. Un tribunal en Joinville, Santa Catarina, la condenó a un año, 10 meses y 28 días de prisión por fraude e identidad falsa.
