Gay Masters adoptó a Oksana Masters cuando era una niña de 7 años que vivía en un orfanato de Ucrania. Al llegar a Estados Unidos, Oksana enfrentaba graves problemas de salud, desnutrición y malformaciones que marcaron sus primeros años, pero su nueva madre decidió acompañarla sin medir sacrificios.

Con el tiempo, Gay incluso utilizó parte de sus ahorros de jubilación para apoyar el sueño deportivo de su hija. Antes de que Oksana supiera hasta dónde podía llegar, su madre ya estaba apostando por ella, financiando entrenamientos, viajes y oportunidades que parecían lejanas para una niña que había crecido entre limitaciones.

Oksana terminó convirtiéndose en una de las grandes figuras paralímpicas de Estados Unidos, con 19 medallas en distintas disciplinas. Cada última vuelta de sus carreras tiene un destino íntimo: la mujer que la adoptó, la sostuvo y creyó antes que todos.

