Melissa Sloan dejó de tener piel libre hace años.

Cada centímetro de su cuerpo y de su rostro está cubierto por tinta: más de 800 tatuajes acumulados con el tiempo, incluidos los párpados, las mejillas y los labios. La británica cuenta que empezó por gusto propio y terminó atrapada en una transformación que ya no tiene marcha atrás.

Lo que ella no calculó fue el precio social. Según su propio relato, ha ido a decenas de entrevistas de trabajo, incluso para puestos de limpieza, y en todas se ha topado con la misma respuesta: un no. Nadie pregunta por sus capacidades ni por su experiencia, dice, todos se quedan mirando su cara.

Melissa insiste en que está dispuesta a trabajar en lo que sea. El problema, asegura, no es su voluntad sino la mirada ajena: la gente decide quién es ella antes de escucharla, solo por lo que ve en su piel.

