Gloria pesaba cerca de 900 gramos cuando nació.

Llegó al mundo un 29 de febrero de 2020, en McAllen, Texas, diez semanas antes de tiempo, por una cesárea de emergencia. Su mamá, Alana Patten, salió del hospital tres días después de dar a luz, pero tuvo que dejarla atrás: Gloria se quedó casi 12 semanas más en la unidad de cuidados intensivos neonatales, luchando por cada gramo, por cada respiro.

La pandemia apenas comenzaba y las reglas eran estrictas: los padres solo podían entrar de uno en uno, en turnos cortos, contando los minutos junto a su hija a través del vidrio de una incubadora. Ochenta días después, Gloria pesaba 2,7 kilos y respiraba sola. El hospital le organizó una pequeña ceremonia de graduación para despedirla, con las enfermeras que la cuidaron como si fuera propia. Alana dice que ya son familia, y que piensa seguir en contacto con cada una de ellas.

