Marieke Voorslujis, de Ámsterdam, notó algo que le dolía en silencio: su hijo ya no la abrazaba como antes. Prefería salir con amigos, mirar su teléfono, escuchar música en su iPod. Nada malo, solo pubertad. Pero ella extrañaba esos brazos alrededor suyo.

Entonces hizo lo que sabe hacer mejor: tejer. Con ayuda de su madre, pasó casi dos meses armando una réplica de tamaño real de su hijo, hilo por hilo. Cabeza con visera, manos con uñas, jeans negros, zapatillas, hasta un iPod tejido en miniatura.

“Soy una buena madre, así que lo acepto”, contó a BuzzFeed. No fue un capricho extraño: fue su manera de sostener, aunque sea en lana, algo que el tiempo le está quitando de a poco.

