Estefanía Echeverría cantó bajo los escombros. En Cali, protegió a su hija durante el terremoto del 10 de agosto, que derrumbó su casa y le arrebató a su madre y a su abuela.

Halló una cavidad entre los restos y sujetó a su hija de la mano. Los rescatistas las encontraron al escuchar el llanto de la niña: ella salió en siete horas y Estefanía, en ocho. Una varilla se le enterró en un pulmón; llegó a la Fundación Valle de Lili con apenas 5 % de probabilidad de sobrevivir y los médicos tuvieron que amputarle las piernas.

Hoy, sueña con ver crecer a su hija. En Cali, el presidente colombiano Abelardo de la Espriella, le entregó la llave de un apartamento amoblado: un nuevo comienzo para las dos, después de cantar juntas para resistir.

