Andreina tenía un ritual que parecía imposible: 50 donuts glaseados de Krispy Kreme, todas las mañanas, durante la pandemia.

No paraba ahí. Después venía un batido, más tarde una barra de pan entera, chocolate, papas fritas y Red Bull para aguantar el día. Trabajaba dos empleos —uno solo para pagar la comida, otro para mantener a su familia— y llegó a gastar más de 1.260 dólares al mes en su adicción. En abril de 2019, un médico le advirtió que su peso ponía en riesgo su vida. Esa cita lo cambió todo.

Cambió los donuts por avena con proteína, el pan por arroz con pollo o pescado, y las tardes libres por rutinas de 45 minutos siguiendo videos en YouTube. El dinero que antes gastaba en comida ahora lo invierte en terapia psicológica. Perdió más de 127 kilos sin cirugía ni inyecciones, y hoy, a los 40 años, es culturista internacional con ocho campeonatos en su carrera. Su próxima meta: competir en el Arnold Sports Festival de 2028.

