Magnolia ya estaba afuera. Había logrado escapar del derrumbe con vida cuando el temblor de magnitud 7,4 sacudió Roldanillo, Valle del Cauca, aquel 10 de agosto.

Pudo quedarse ahí, a salvo, respirando el aire libre mientras la casa seguía cayéndose a pedazos.


Pero adentro estaba Natalia, su hija, recién graduada de secundaria en Bergenfield, Nueva Jersey. Y Magnolia no lo pensó dos veces: volvió a entrar.

La ayudó a salir, la empujó hacia la vida que a ella se le estaba acabando, y en ese instante una pared se derrumbó sobre su cuerpo. Natalia salió con una lesión en el brazo. Su madre no salió.

Fue su hermano, pastor evangélico en Colombia, quien ayudó a buscarla entre los escombros hasta encontrarla.


Magnolia tenía 57 años, era parte de la comunidad de Mercy Church of God desde hacía más de dos décadas, y madre de tres hijos.
Será sepultada en el mismo país donde decidió, sin dudarlo, que su hija viviera aunque ella no lo hiciera.
