Betsy Badminton tenía 5 años cuando su hermana mayor, Evie-Mae, de 9, le lanzó un libro por accidente durante una pelea normal entre hermanas.


El golpe le dejó un corte leve cerca del ojo. Nada grave, pensó Katie, su madre, en Bournemouth, Reino Unido. Pero dos semanas después la pupila izquierda de Betsy dejó de moverse con normalidad.


Katie la llevó al médico convencida de que el golpe había afectado algún nervio. Una resonancia magnética mostró otra cosa: un tumor de dos centímetros alojado en lo más profundo del cerebro de la niña.
Al principio creyeron que podía ser benigno.


En marzo de 2025 el brazo y la pierna derechos de Betsy empezaron a debilitarse y los médicos la trataron con esteroides mientras la enfermedad avanzaba.
Betsy resistió 11 meses. En sus últimas noches, Katie tuvo que cantarle canciones de cuna para que consiguiera dormir, sabiendo que cada una podía ser la última.
