Mansur Katabalwa no sabía que lo estaban grabando.
Estaba sentado junto a su moto, entre un pedido y otro, con el Corán abierto entre las manos. Para él era un momento cualquiera de su jornada como repartidor de Talabat en los Emiratos Árabes Unidos. Para miles de personas que vieron el video, fue una escena imposible de ignorar.

Mansur es ugandés y lleva dos años viviendo lejos de su país. Cruzó el mundo para darles un futuro mejor a su esposa y a sus dos hijos, que siguen esperándolo en casa. Hace cinco meses empezó a repartir comida en moto. Mientras conduce, escucha recitaciones del Corán en su teléfono. Y cuando el tiempo se lo permite, saca la copia física que siempre lleva consigo y lee.

Hace tres años perdió a sus padres y a su hermano. Fue en ese período de duelo cuando memorizó el Corán completo. Hoy, cada página que lee entre pedidos es una forma de seguir conectado con ellos.

Lo hacía mucho antes de que alguien lo filmara. La viralidad llegó después. La constancia siempre estuvo ahí.
