Enero de 1985, Acerra, Italia. Un compañero de Maradona en el Napoli le cuenta que un hombre de su pueblo tiene un hijo gravemente enfermo que necesita una cirugía urgente en Francia, y que no hay dinero para pagarla.

El presidente del club se niega a que Diego juegue. Acababan de pagar 8 millones de dólares por su pase desde el Barcelona y temían perderlo por una lesión en una cancha de barro. Maradona respondió que se jodieran los seguros de Londres, y fue.

Jugó como si enfrentara a la Juventus. Metió un gol que, según cuentan, fue el ensayo de aquel que le haría a Inglaterra un año después. El Napoli ganó 4 a 0, pero lo recaudado no alcanzó para la operación. Diego puso el resto de su bolsillo, cubierto de lodo hasta las rodillas y feliz como si hubiera vuelto a jugar en los potreros de su infancia en Villa Fiorito.
