Marimar Quiroa tenía una sola forma de protegerse cuando era niña: esconderse.


Nació en California con higroma quístico, una anomalía congénita que afecta su rostro y su cuello.

Un tumor que le impide hablar y comer correctamente, y desde pequeña pasó por varias cirugías para ganar calidad de vida, respira con ayuda de un tubo en la garganta y se alimenta por otro en el estómago.


Enfrentó burlas y el miedo de salir a la calle. Cuando la gente la miraba fijamente, ella los miraba de vuelta sin apartar la vista hasta que ellos desistían.


Hoy, con 22 años, es maquilladora y sube tutoriales a YouTube explicados en lenguaje de señas.

Su idea de belleza es aceptarse a una misma e ignorar la opinión de los demás.
