Mark Read no era precisamente un santo.

Durante décadas fue uno de los criminales más temidos de Australia, entrando y saliendo de prisión, hasta convertirse después en una figura popular gracias a libros, entrevistas y una película que llevó su apodo, “Chopper”, al cine. Pero cuando la hepatitis C le destruyó el hígado y los médicos le hablaron de un trasplante, hizo algo que nadie esperaba de él.

Tenía 55 años y una vida entera de excesos detrás. Miró la lista de espera y pensó en quién más podría estar ahí: un niño de 10 años, un joven con toda la vida por delante. Se negó a competir por ese órgano. En 2012 le diagnosticaron además cáncer de hígado, y su salud se apagó lentamente hasta que murió el 9 de octubre de 2013, a los 58 años, sin haber pedido jamás ese trasplante.

