Mark Tatum tenía poco más de 40 años cuando un hongo empezó a comerse su cara.

Lo llamaban ‘hongo negro’, mucormicosis en términos médicos, y se le mete al cuerpo por algo tan simple como tocar tierra o comida podrida. En el caso de Tatum, avanzó rápido: nariz, ojos, pómulos, mandíbula superior y dientes quedaron destruidos. El doctor Wayne K. Stadelmann, cirujano plástico de la Universidad de Louisville, admitió después que al principio ‘no pensaban que iba a sobrevivir’.

Para frenar que el hongo llegara al cerebro, los médicos tuvieron que remover casi todas las estructuras de su rostro. Usaron piel y hueso de su propia pierna para reconstruirle el paladar y poder hablar y comer de nuevo. Después vino lo más extremo: una estructura de titanio incrustada en su cara para sostener una prótesis facial completa, la más compleja que había hecho el protesista Zafrulla Khan en toda su carrera.

Dos años después de que todo comenzara, Tatum miró su nuevo rostro y dijo: ‘No seré hermoso, pero casi lo soy’. Murió en 2005, pero su médico lo recuerda como ‘un verdadero testimonio del espíritu humano’.

