Marlene Santana, de 69 años, pasó casi cuatro días atrapada bajo los escombros de su casa en La Guaira, Venezuela, después del doble terremoto que sacudió el país el 24 de junio. Su vivienda, de cuatro pisos, había resistido incluso el temido deslave de 1999. Esta vez no tuvo la misma suerte.
Un equipo de rescatistas de El Salvador la encontró con vida entre los restos de concreto. Cuando por fin pudo hablar, no pidió agua ni ayuda para sus familiares perdidos. Pidió una Coca-Cola. El presidente Nayib Bukele contó el momento en sus redes, y los médicos tuvieron que explicarle que antes de cualquier bebida necesitaba suero por vía intravenosa.

Hoy Marlene se recupera en un hospital mientras espera noticias de su esposo, su hija y su hermana, que estaban con ella cuando la tierra tembló. En medio de una tragedia que ya suma más de 1.700 muertos, ese pequeño antojo se convirtió en un símbolo de que, incluso bajo los escombros, uno sigue aferrado a las cosas simples de la vida.
