Su marido era pastor y la criticaba por cómo caminaba y comía…
Mary Winkler tenía 32 años y una vida que, desde afuera, parecía de manual: esposa del pastor de la Iglesia de Cristo Fourth Street, en Selmer, Tennessee, madre de tres niñas de 8, 6 y 1 año, maestra sustituta en un pueblo donde todos se conocen.

El 22 de marzo de 2006, miembros de la congregación encontraron a su marido, Matthew Winkler, de 31 años, muerto en la casa pastoral después de que faltara al servicio de la tarde. Le habían disparado en la espalda con una escopeta calibre 12. Mary ya no estaba: se había ido en la minivan familiar con las tres niñas. Se emitió una alerta por temor a un secuestro.


La encontraron al día siguiente en Orange Beach, Alabama, a unas 340 millas de casa, mientras salía de un restaurante con sus hijas. Según la policía, confesó el crimen. Dijo que había manejado hasta la playa porque quería pasar con las niñas el mayor tiempo posible.


En el juicio, su defensa sostuvo que vivió años de abuso físico y emocional y de críticas constantes.


El jurado no la condenó por asesinato, sino por homicidio voluntario. La pena fue de 150 días de cárcel más 60 en un centro de salud mental, y en 2008 recuperó la custodia total de las niñas.
