Matti Maya Tamang caminaba de una lista de nombres a otra en Nepal, buscando los de sus dos hijos.


La riada que arrasó el edificio escolar se los había tragado, o eso creía.
Pasó los días revisando registros de víctimas hasta que dejó de esperar una respuesta distinta: “Había aceptado que mis hijos habían muerto”, contó después.
Mientras tanto, su hijo Zoyal Ghale, de apenas 8 años, corrió hacia unos árboles cuando el agua golpeó la escuela y se sostuvo ahí, solo, con el cuerpo lastimado. Los equipos de rescate lo encontraron con una pierna rota y el rostro cortado.


Tres días después de creerlo muerto, Matti Maya llegó hasta su cama en un hospital de Kathmandu y lo tuvo frente a ella, vivo. Dijo que ese momento le devolvió la vida.


Nepal y Tíbet siguen contando sus pérdidas: al menos 580 muertos y cerca de 2.500 personas siguen desaparecidas.
Zoyal es uno de los pocos nombres que volvió a casa.
